Hasta que no hayas amado a un animal, tu alma estará dormida...

Hasta que uno no descubre lo que supone amar a un animal, no acaba de comprender lo que es la nobleza y el despertar de unas emociones que pueden llegar a sanarnos el alma. Darle amor a un perro, a un gato o a cualquier ser vivo por pequeño, inquieto y singular que sea, es enriquecernos y descubrir que pueden tener sentimientos tan valiosos como los nuestros.
 
Todos hemos leído en numerosas ocasiones los beneficios que nos aporta el tener una mascota en casa. Ahora bien, lo que resulta más interesante es descubrir que todo ello tiene un claro impacto en cuanto ahorro en la salud pública.
Según diversos estudios, los animales nos evitan numerosas visitas al médico, algo que ayuda a que al cabo del año la sanidad se ahorre cerca de 3 millones de euros en países como Alemania y Austria.
Amar a un animal es verse reflejado en una mirada que lo espera todo de ti, que te invita a una caricia, que te arranca sonrisas y nobles emociones. Lo único que te pide a cambio… Es amor.

Cada uno de nosotros podríamos relatar con gran cariño ese instante en que alguien muy especial llegó a casa y… la puso del revés. Al igual que nuestro corazón. Algo se despierta en nuestro interior cuando adoptamos un perro, cuando rescatamos un gatito de la calle, hambriento, sucio y necesitado de afecto.
Es como si se encendiera una luz muy adentro, como si un peculiar mecanismo moviera los engranajes del cambio para ayudarnos también, a ser mejores personas.
Un animal tiene una capacidad de conexión emocional realmente increíble, ya sea a través de un simple gesto o una mirada. De hecho, se sabe que el contacto visual entre un perro y su dueño es tan genuino y sincero, que gracias a él se fortalece el vínculo entre ambos.
Existen muchos tipos de amor, pero el que podemos llegar a sentir por un animal es algo excepcional que saca lo mejor de nosotros mismos, y que su vez, nos ayuda a ser mejores.
Según un interesante estudio publicado en la revista “Sciencie“, los perros reconocen nuestra sonrisa, muestran empatía e incluso saben interpretar nuestras emociones solo con mirarnos a los ojos. Todo ello sería el resultado de tantos años de evolución en común, en los que se ha creado un vinculo excepcional, que va más allá de las razas o tamaños. Emerge directamente de los genes y el corazón.

Nos convertimos en aquello que vemos en la mirada de nuestras mascotas

A menudo, se dice eso de que la mirada de nuestro perro es el mejor espejo donde ver el reflejo de nuestra alma. Es una verdad tan cierta que merece que nos detengamos en ella.
Te invitamos a reflexionar sobre ello

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